Esta página es una presentación breve, de carácter devocional, de la devoción a la Divina Misericordia tal como la Iglesia la reconoce y la vive. Si quieres ir a la fuente, el sitio te lleva al Diario mismo.
Quién fue Santa Faustina
Helena Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Głogowiec, una aldea del centro de Polonia, en una familia campesina numerosa y creyente. Tuvo poca escuela y trabajó desde joven como empleada doméstica. A los veinte años, después de una llamada interior que ella misma cuenta en el Diario, entró en Varsovia a la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia y recibió el nombre de Sor María Faustina. Fue cocinera, jardinera y portera: nada en su vida exterior anunciaba lo que estaba ocurriendo dentro.
El 22 de febrero de 1931, en el convento de Płock, Jesús se le apareció con la túnica blanca y dos rayos que salían de su Corazón, uno pálido y otro rojo, y le pidió que hiciera pintar una imagen según lo que veía, con la inscripción «Jesús, en Ti confío» (cf. Diario, 47). Esa noche empezó todo lo demás.
En 1933 hizo los votos perpetuos en Cracovia y fue destinada a Vilna. Allí encontró al confesor que Jesús le había prometido, el padre Miguel Sopoćko, hoy beato, quien le pidió que escribiera lo que vivía: así nació el Diario. En Vilna se pintó la primera imagen (1934) y, en septiembre de 1935, Faustina recibió la Coronilla a la Divina Misericordia (cf. Diario, 474–476).
En 1936 volvió a Cracovia, al convento de Łagiewniki, ya enferma de tuberculosis. Allí murió el 5 de octubre de 1938, a los treinta y tres años. Su Diario, seis cuadernos escritos entre 1934 y 1938, quedó como el testimonio de lo que Jesús quiso decir al mundo a través de ella.
San Juan Pablo II, que había conocido Łagiewniki de joven obrero durante la guerra, la beatificó el 18 de abril de 1993 y la canonizó el 30 de abril de 2000 en Roma. Ese mismo día anunció que el segundo domingo de Pascua se llamaría en toda la Iglesia «Domingo de la Divina Misericordia».
Los elementos de la devoción
La devoción no es un conjunto de prácticas sueltas: es una sola actitud, la confianza en Dios y la misericordia con el prójimo, que se expresa de cinco maneras que Jesús mismo pidió.
La imagen: «Jesús, en Ti confío»
Jesús con la túnica blanca, la mano derecha levantada para bendecir y la izquierda señalando su Corazón, del que salen dos rayos: el pálido representa el Agua que purifica y el rojo la Sangre que da vida, los que brotaron de su costado en la Cruz (cf. Diario, 299). Al pie, la frase que resume todo: Jesús, en Ti confío. Jesús prometió que quien venerara esta imagen con confianza no se perdería (cf. Diario, 48). La imagen no es un amuleto: es un recordatorio para mirarlo a Él y decirle, aunque cueste, que confiamos.
La Fiesta de la Misericordia
Jesús pidió que el primer domingo después de Pascua se celebrara como Fiesta de la Misericordia, y la unió a la confesión y a la Comunión de ese día, con la promesa de una gracia especial de perdón para quien se acerque con confianza (cf. Diario, 699). San Juan Pablo II la instituyó para toda la Iglesia en el año 2000. En Chile se celebra en muchas parroquias con la Coronilla, la adoración eucarística y la confesión; y los días anteriores, desde el Viernes Santo, se reza la Novena que Jesús dictó a Faustina (cf. Diario, 1209–1229).
La Coronilla
Se reza con el rosario común y dura unos siete minutos: en las cuentas grandes se ofrece al Padre el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, y en las pequeñas se repite «por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero». Jesús la enseñó en Vilna en 1935 y la unió a promesas muy concretas, sobre todo para la hora de la muerte de quien la rece o de aquel junto a quien se rece (cf. Diario, 687, 811). Es la oración de intercesión de esta devoción: se reza por uno mismo y por el mundo entero.
La Hora de la Misericordia
Las tres de la tarde, la hora en que Jesús murió por nosotros. Él pidió que en ese momento, aunque sea un instante, nos detengamos a pensar en su Pasión y a pedir misericordia, en especial para quienes más la necesitan (cf. Diario, 1320, 1572). Puede ser rezar la Coronilla, hacer el Vía Crucis, o simplemente una pausa en el trabajo, en el auto o en la micro, con un «Jesús, en Ti confío».
Difundir la misericordia y practicarla
Jesús pidió también que se hablara de su misericordia y prometió cuidar de quienes lo hicieran (cf. Diario, 1075). Pero la devoción se completa en la vida: Faustina escribió que la misericordia se practica de tres formas, con obras, con palabras y con la oración (cf. Diario, 742). Las obras de misericordia corporales y espirituales (dar de comer, visitar al enfermo, consolar, perdonar, rezar por vivos y difuntos) son la otra mitad de la devoción, la que la hace creíble.
Cómo vivirla hoy en Chile
No hace falta empezar por todo. Tres pasos sencillos:
- Ponle hora. A las tres de la tarde, un minuto. Este sitio te avisa cuánto falta y te acompaña con la Coronilla rezada en audio. Muchas parroquias y capillas de Chile la rezan a esa hora; pregunta en la tuya.
- Ve a la fuente. Lee o escucha el Diario un rato cada día, aunque sean dos párrafos. No es un libro para entender de una vez: es un libro para volver.
- Sal hacia alguien. Elige una obra de misericordia posible esta semana: una visita, una llamada, un perdón que estaba pendiente. La devoción se prueba ahí.
Si tienes a alguien enfermo o cerca del final de su vida, la Coronilla rezada a su lado es uno de los regalos más grandes de esta devoción: Jesús prometió estar presente como Salvador en ese momento (cf. Diario, 1541). Y si eres tú quien atraviesa un tiempo oscuro, recuerda lo que Jesús repitió tantas veces a Faustina: que su misericordia es más grande que cualquier miseria, y que lo único que nos pide es confianza.
Que la lectura, la oración y la vida se junten en una sola frase, la que Él mismo quiso al pie de su imagen: Jesús, en Ti confío.