Estar en gracia de Dios
Quien tiene conciencia de un pecado grave se confiesa antes de comulgar. Si no ha podido, hace un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarse cuanto antes.
Código de Derecho Canónico, c. 916
Un camino guiado
Santa Faustina dedicó las últimas páginas de su Diario a un pequeño cuaderno con un solo tema: cómo se preparaba, cada día, para recibir a Jesús en la Comunión. No son fórmulas: son maneras de acercarse al altar con el corazón despierto.
Retomar donde quedéEsta sección propone un camino breve, pensado para el celular: unos minutos antes de la Misa, un instante al comulgar y un rato de acción de gracias después. Puedes hacerlo completo o quedarte con un solo paso.
Del pequeño cuaderno del Diario
Faustina consideraba la Comunión el momento más importante de su día y se preparaba para ella desde la víspera. Cada día elegía una disposición distinta: recibir a Jesús como a un huésped, como un mendigo, con la humildad de la Virgen, con gratitud, con confianza.
Lo que se repite en esas páginas es sencillo: el deseo de que Jesús encuentre, al venir, un corazón que lo espera. Y cuando no podía comulgar, lo recibía espiritualmente con el mismo amor.
Diario, 1804–1828
Capítulo completo · 20 min
Escucha el párrafo 1804, el primero de ese cuaderno
Quien tiene conciencia de un pecado grave se confiesa antes de comulgar. Si no ha podido, hace un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarse cuanto antes.
Código de Derecho Canónico, c. 916
Una hora antes de comulgar no se come ni se bebe nada, salvo agua y medicinas. Los enfermos y quienes los cuidan no están obligados.
Código de Derecho Canónico, c. 919
Se comulga con atención y fe. Cada quien puede recibir la Comunión en la boca o en la mano, de pie o de rodillas, según la costumbre del lugar.
Las tres etapas
Puedes recorrerlas de corrido o entrar por la que te toca ahora.
1 · Antes de comulgar
Unos minutos en casa, en el camino o en la banca, antes de que empiece.
Deja el teléfono en silencio después de leer esto. Respira. Vas a recibir a Jesús: ese es el motivo de esta Misa.
30 segundos de silencioUn examen breve: ¿con quién estoy en paz y con quién no? ¿Qué le quiero pedir perdón a Dios hoy? Si hay algo grave, la confesión va antes que la Comunión.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque te amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a ofenderte y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Como hacía Faustina, escoge una sola actitud para recibirlo: como a un amigo que llega a casa, como quien pide ayuda, con gratitud, con confianza. Dísela a Jesús con tus palabras.
Antes de comulgar, la Iglesia reza desde hace siglos con esta oración de Santo Tomás de Aquino.
Omnipotente y eterno Dios, me acerco al sacramento de tu unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo; me acerco como enfermo al médico de la vida, como inmundo a la fuente de la misericordia, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y necesitado al Señor del cielo y de la tierra. Te suplico, por tu infinita generosidad, que sanes mi enfermedad, laves mis manchas, ilumines mi ceguera, remedies mi pobreza y vistas mi desnudez, para que pueda recibir el Pan de los ángeles con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tanta pureza y fe, que sea provechoso para la salvación de mi alma. Amén.
2 · Al comulgar
En la fila y en el momento de recibirlo.
No es una fila: es un encuentro. Repite por dentro «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme».
El «Amén» que respondes es tu sí: creo que eres Tú. Recíbelo con calma y vuelve a tu lugar sin apuro.
3 · Después de comulgar
Los minutos más importantes: Jesús está en ti.
Cierra los ojos si puedes. No pienses en nada; solo quédate con Él. Si te distraes, vuelve con una palabra: «Jesús».
3 minutos de silencioDile gracias por venir, por lo que trajo tu semana, por las personas que te acompañan.
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
Por alguien concreto. Por quien no pudo comulgar hoy. Por ti, lo que más necesitas.
La Comunión no termina en la iglesia. Elige una obra de misericordia pequeña para hoy: una llamada, una visita, un perdón.
Si hoy no puedes comulgar
Por enfermedad, por distancia o por tu situación de vida, hay días en que no es posible acercarse a comulgar. Jesús igual quiere venir a ti: díselo con esta oración, con el mismo deseo que si lo recibieras en el altar.
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno todo a Ti; no permitas que jamás me separe de Ti. Amén.
Los días en que no podía comulgar, Santa Faustina lo recibía así, con el mismo amor.
Los 10 minutos que siguen a la Comunión son los más valiosos del día: Jesús está en ti. Algunas maneras de quedarte con Él: